Lo que Alcalá de Guadaira lleva siglos haciendo sin que nadie se entere
Alcalá de Guadaira alimentó a Sevilla durante ochocientos años.
Sin ella, la capital no comía.
El río movía los molinos, los molinos hacían harina, la harina viajaba a Sevilla. Alcalá era, literalmente, la panadería de la provincia. Y lo hizo en silencio, sin pedir nada a cambio, mientras Sevilla construía catedrales y ponía su nombre en los mapas.
Hay algo muy de Alcalá en eso.
Hoy el río sigue ahí.
Los molinos también, aunque ya nadie muele nada. Algunos los han restaurado. Otros los está digiriendo el musgo desde hace décadas. Y entre unos y otros, hay una ruta a pie que bordea el cauce del Guadaira desde el centro del municipio hasta los pies del Castillo.
El Castillo. Árabe. Del siglo XII.
Que aparezca al final del camino, sobre un cerro, con el río abajo, es el tipo de cosa que te para en seco. No porque sea el monumento más impresionante de Andalucía —no lo es—, sino porque no te lo esperas. Estabas paseando por la ribera, mirando el agua, y de repente hay una fortaleza árabe encima tuyo.
Eso no le pasa a cualquier ciudad.
Y luego está Oromana.
Cien hectáreas de pinos al norte del municipio. No es un parque con fuente y señoras con sombrero. Es un bosque donde la gente monta hamacas, asa costillas a mediodía, lleva perros, lleva libros, lleva neveras de plástico que han sobrevivido a tres presidentes del gobierno.
Gratis. La entrada es gratis.
En verano abre la piscina y el sitio se convierte en lo más cercano a unas vacaciones que puede tener alguien que no puede permitirse unas vacaciones. Hay algo en Oromana que no tiene pretensiones. No intenta ser nada más de lo que es: un bosque donde meterse un domingo.
Eso, a estas alturas, es un lujo.
La gente suele preguntar cuándo ir.
Primavera. Sin dudarlo. El río lleva agua de verdad, los pinos huelen, y no hace el calor de Sevilla en agosto que convierte cualquier plan al aire libre en una declaración de intenciones vacía.
En verano: Oromana con piscina por la mañana, antes de mediodía, que el aparcamiento no es infinito. La Ribera al atardecer, cuando baja algo el termómetro y la luz en el agua es la que es.
Otoño también funciona. Funciona muy bien.
¿Con perros? Sí, con correa.
¿Cuánto dura la ruta de la Ribera? Diez kilómetros si vas hasta el castillo y vuelves. Dos horas tranquilas. Hay tramos más cortos si no apetece comprometerse.
¿Están cerca Oromana y la Ribera? En coche, diez minutos. Se pueden combinar en el mismo día si se quiere.
Hay una frase que repite mucha gente de Alcalá.
"Aquí no hay nada."
La dicen con esa mezcla de resignación y cariño con la que uno habla de su ciudad. Como si no hubieran mirado.
Hay un bosque de cien hectáreas.
Hay un río con molinos medievales.
Hay un castillo árabe encima de un cerro.
Joder.
Bocacalle · Alcalá de Guadaira